Empecé por retirar la ceniza que se había acumulado hace un par de horas, la resina que salta al final de cualquier pipa se pegó en la basta del pantalón a modo de maldición, tal vez porque la conciencia sabe las infamias de los vicios, de cualquier manera ni la mancha que deja el intentar limpiar lo eternamente sucio ni la señora que viene por atrás, me impedirán prender dos o tres veces más, tanto apotema de ilusiones, con tanto misterio que cualquier olfato demandaría un vuelve, retorna, sube, vuelve libre, porque no quiero secarme en la acera, porque huele a amistad, a la misma amistad que se da la gente normal, pero sentados en cualquier pastizal, o en la calle sola, todo compartimos, el trago, la mota, la ropa, a veces.

(Pedro se retiró un cartón de lavadora Mabe que le daba abrigo en la calle 10 de diciembre, en ese momento circulaban tantos autos que esa calle secundaria parecía la avenida principal de cualquier gran ciudad, él, junto con dos personas más pernoctan en una casa sin terminar, entre hierbas que sobrepasan la cintura, podemos asegurar su adicción a la guanchaca, sin embargo no podemos asegurar otra adicción, aquel día, por primera vez para nosotros, los transeúntes, encendía una pipa de madera fina a simple vista, parecía delirar y un olor particular rondaba el ambiente)

Los aristócratas cruzamos el pie y fumamos, porque somos tres Condes, educados a la antigua, con pelo y barba larga, un poco descuidada, pero de alcurnia, como diría alguna vez doña Marieta, o Enriqueta, (la mancha de mi pantalón nuevo no me deja concentrar, y el abusivo del Conde de al lado se repite, fuma mi parte y se echa a reír, qué pena!), hemos analizado profundamente el Contrato Social de Rousseau y nunca estamos de acuerdo con él, seguimos de acuerdo con Carlos V, nosotros los aristócratas vivimos en el mundo, somos especie rara que ustedes, siervos del sistema, deben idolatrar, alimentar y vestir, sobre todo eso, porque la mancha no me deja seguir así que me empeño a fumar, si saben ustedes que en la humareda se disuelven las angustias propias de la humanidad, porque los dolores se difuminan en la grisáceo mosaico de certezas que se forma cuando uno u otro lo expulsa para siempre y deja en el universo lo que mezcló su cuerpo, la saliva y el jacho para no volver jamás, tan solo permitir que el hipotálamo beneficiario expulse destellos, con lunas y perros verdes, de todas las razas de lunas.

(Pedro tiene aproximadamente 55 años, al menos el relato de mi madre dice que hace 15 años se “mudó” desde Ambato, un vecino que entabló varias conversaciones con él, me asegura que fue Empresario, que gerenció alguna empresa automotriz en su ciudad, presumimos que llegó a la indigencia producto de su alcoholismo. Veo que el grupo se comparte afanosamente la elegante pipa, uno de ellos ríe a carcajadas, Pedro saca marihuana de una pequeña caja de madera fina, seguramente encontró o robó el distinguido kit.)

En este país no valoran la nobleza que nosotros representamos, incomprendidos por nuestra condición de seres superiores, la envidia carcome a todo individuo que se cree la divina papaya. Debo contarles que mantengo una enemistad de generaciones (como la de las familias de Romeo y Julieta) con el dueño de una casota, Enrique Gangotena, él dice ser Marqués, yo le he dicho que soy Conde y desde ahí, ambos no nos reconocemos. El hecho es que mientras mi par, el Conde de Montalvo, se acababa y yo me prestaba a recargar la pipa, siento la presencia de mi enemigo, con vozarrón de guerra, me arrancha el instrumento de inspiración, con apatía me grita “Mendigo de mierda” y creí que se iría, buscó la caja, vacía, pero se la llevó.

(Don Enrique Gangotena, heredero de una inmensa propiedad en el sector, se bajó de un BMW X6 e increpó a Pedro, le arranchó los instrumentos, gritó varias cosas mientras los vecinos salían a ver qué pasaba, claramente nos dimos cuenta que los mendigos sustrajeron los utensilios de la casa de Gangotena. Ambos miraron al cielo, el uno agradeciendo y el otro maldiciendo, Pedro se dio la vuelta, recogió su cartón y reían sin control, el otro se subió al auto, no encendió la pipa, seguramente la esterilizará y esperará que su dealler venga el martes próximo. Cosas de vicios.)

10/05/17

alcurnia

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