Eras tú.

Pero la sombra

que recorría el extenso

paraje de ilusiones era otra.

.

Era yo.

Los lirios apegados a tu cintura

eran sueños de medio día,

era canto a la sinrazón.

.

Éramos ambos.

Recorríamos el cielo en la piel,

fungíamos de navegantes,

apegados al desafuero de sentirnos juntos.

.

Era tu mirada

perdida en la ternura de la primera vez,

otrora los sueños en medio de la luna,

casi como un juego efímero de fábulas.

.

Era tu piel

apoteosis de lo divino,

mezcla extraña de un suspiro de sal

y un ébano cóncavo en luna llena.

.

Era tu cuerpo

dulce amalgama de versos,

infinita mixtura entre lo prohibido y lo irreal

paradoja de deseo indolente.

.

Era tu sexo

un esfinge de ilusiones,

infinita sensación de amor.

Amor. Solamente amor.

.

Eres mujer

especie dulce y eterna

canto alegórico de lo perfecto.

Amor. Solamente amor.

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