Entreabres los ojos,

un silencio inmaculado

se apodera de todo,

respiras lentamente para no opacar

el nauseabundo paso

de las risas de ayer.

.

Me miras la piel,

te toco el amor,

te siento en mí ser,

un simple éxtasis

que brota eterno

en cada beso.

.
Comienza la escena incierta

en los labios lívidos,

la mano cómplice del amante

recorre el filo del sueño;

el pensamiento que acecha

crece en el control de nadie.

.
Acabo intimando con tu pecho,

Él, silencioso, me otorga el beneplácito

para insistir en lo mismo.

Acostada entre las nubes y el mar,

intento conocer más

de la sutileza de tu piel desnuda.

Atacas como fiera

entre mi alma y el ombligo,

instintos turbios

de pasión.

.
Con tu lengua,

suavidad ingenua,

lo acaricias,

lo mimas,

lo sientes…

Te excita.

.
Me  otorgas tu pecho,

tus piernas,

tu trasero,

tu mundo…

Los colonizo en medio

de un quejido.

.
Abres el paraíso

y con la mirada llamas al instinto animal,

y yo, noble cazador de sueños, ataco sin mermar,

suavizo el campo,

inserto mi cuerpo en el tuyo,

lo hago al ritmo del reloj.

.

 

Sin contar con el sol,

tu cuerpo domina el campo,

viras al azar,

Adán y ella pretenden lidiar una batalla piel a piel,

lo hacen por los gritos

de excitación y deseo.

.
Y mis manos,

cual mendigo,

atrapan todo aunque no sea suyo,

tropezando tu mundo entero,

lo he hecho propio,

lo he atracado…

.

Y la luna,

víctima del sol,

nos muestra

el deseo,

nos ata al sexo,

nos induce al pecado.

.
Y te beso,

te topo,

te balanceo entre mi;

te excitas,

te quejas…

Amas…

.

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