En la firma de Bolivar

otrora el sentir barroco de Carlos III

Benalcazar azota el pensamiento ilustrado

sin notar los bríos de Espejo y Montufar.

 

Que la historia mire a Dalí leyendo a Borges;

a García Márquez juanto a Hemingway

bebiendo tequila con Marx y Roosevelt;

un Gadaffi en misión con la Madre Teresa

entregando sonrisas en América.

 

Los besos de Rougé repartidos por cualquier

puta francesa. Fidel y el Ché bailando

rock and roll en la Revolución Rusa

Velasco Ibarra en algún coctel del G-8,

mientras Lincoln en África se proclama dictador

 

Y la historia se repite en ese sin sentido,

en la alquimia de ver ese camino entrecruzado

junto a la dicotomía de ver el pasado en el firmamento.

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