Y mientras el sueño comenzó a recobrar la realidad escondida en su mente, el espejo reflejaba la agonía del endeleble y estúpido soñador. El mundo se torno estático y el mar rodante de aquellos ojos deambulaba en la nada que no entendía. El cantar enigmático del ave desconocida y el susurro del niño que jamás nació endiablaron los sonidos de este reacio pensamiento que no dice nada y piensa todo. El sueño se acabó, el mundo se derrumbó. El miedo a la soledad se tornó en alegría cuando despertó de la alquímica búsqueda de lo real. No es enigmático el rostro cariñoso de la tristeza, es absurdo reir frente a su pena eterna. Vive muchacho que el corto viaje no se eterniza. Vive.

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