Ciertos pensamientos deambulaban por las serenas aguas de la melancolía, en su guarida el Lince espera apacible el momento eterno, no se explica el instante de aquella agonía; meditabundo se escapa de otra realidad. Viene entre la luna y un ocaso a bailar entre los féretros de la agonía. El Lince sin sentido se balancea entre su sombra y el paso que no dará. Sin entenderlo se entera que ha muerto en medio de la alegría de muchos, no volverá a ver su cuerpo meciéndose entre las tierras eternas de su soledad, no mirará un ocaso tierno en la compañía de nadie. No mirará nada, porque jamás existió.

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