Por: Andrés Guamán Freire

“La historia debe ser, ante todo, un acto de reflexión colectiva, por el que un pueblo piensa y asume con dignidad las acciones de sus antepasados. Por lo mismo, cada generación debe volver sus ojos hacia el ayer y efectuar su propia lectura del pasado, antes de definir sus propios horizontes de futuro. No basta, pues, con la simple remembranza o la repetición de fechas y nombres, sino que es indispensable evaluar en toda su dimensión la trascendencia de lo que se hizo y también de lo que se dejó de hacer, porque acciones y omisiones forman cuentas del ayer.”[1] De ese balance entre lo omitido y lo dicho en la historia que nos habla Jorge Núñez, nos referiremos en este artículo. La historiografía tradicional rescata entre sus páginas a los destacados héroes de tal o cual época, todos recordamos, sin duda, a Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Vicente Aguirre, entre otros destacadísimos hombres valientes de guerra, incluso es fácil perpetuar el nombre de Aymerich o del Conde Ruiz de Castilla, enemigos de las tropas independentistas.

Resulta poco probable que recordemos a coadyuvantes anónimos de todas las gestas heroicas, claro si son anónimos, es imposible que los conozcamos, pero ése resulta ser el trabajo de los investigadores, rescatar de entre los archivos deteriorados a los heroicos personajes que por cualquier razón, la historia olvidó.

Recordemos lo que dijo Julio Moreno en su libro Sentido Histórico y la Cultura “… el destino nos colocó ante un problema racial y psicológico… pero cuyo primer enunciado negativo se llama depauperización vital, salta a la vista que debemos ser muy cautos en eso de “la educación por la historia””

Referirnos a un héroe indígena que no pertenece a la época del principio de la Resistencia, resultaría muy heterodoxo, pero es menester ir rescatando personajes y situaciones harto importantes para el devenir de la historia patria. La educación por la historia podrá revalorizar a los sectores olvidados de la sociedad, mostrará que todos, sin exclusión alguna, construimos nuestra nación.

Para iniciar el detalle de nuestro personaje es necesario citar a Mariátegui “La historia les da siempre la razón a los hombres imaginativos. En la América del Sur, por ejemplo, acabamos de conmemorar la figura y la obra de los animadores y conductores de la revolución de la independencia. Estos hombres nos parecen, fundadamente, geniales ¿Pero cuál es la primera condición de la genialidad? Es, sin duda, una poderosa facultad de imaginación. Los libertadores fueron grandes porque fueron, ante todo, imaginativos. Insurgieron contra la realidad limitada, contra la realidad imperfecta de su tiempo”[2] Así de genial fue Lucas Tipán de la Cruz.

Vive el panorama inestable de inicios del siglo XIX, hijo de Francisco Tipán, Gobernador de Indios de Sangolquí. Consta en el tomo 10, correspondiente al Libro de Bautizos de los años 1780 a 1791 de la Parroquia de San Juan Bautista de Sangolquí lo siguiente: “En veinte y uno de octubre de mil setecientos y noventa años bauticé solemnemente a Lucas, hijo legítimo de Don Francisco Tipán y de Juana de la Cruz, fue su madrina Dña. Josepha Vizcarra a quien advertí su obligación y parentesco espiritual que contraía. Lo que doy fe. Marcelino  Montenegro”

Podemos intuir que sus primeros años los vive en la tranquilidad del campo y se nutre, entre otras cosas, del pensamiento realista al que era fiel su padre y los hechos que acaecieron en 1809, cuando él solamente contaba con 19 años de edad. Más influyó su apego a las ideas independentistas, por cuanto a la edad de 32 años se había convertido en pieza clave dentro de los objetivos que perseguía Vicente Aguirre, bajo la orden del Mariscal Antonio José de Sucre.

El Dr. Jorge Salvador Lara al respecto escribe “del 22 de abril al 12 de Mayo de 1822 permaneció Sucre en  Latacunga, tiempo que aprovechó para hacer descansar a sus tropas tras las arduas jornadas anteriores: reemplazar bajas y adiestrar reclutas, esperar el arribo del Alto Magdalena, reforzar el mando de Córdova y Mazza, observar las defensas enemigas y organizar un servicio de inteligencia con los patriotas quiteños … El General Sucre, entonces de singular audacia, prefiere evitar un ataque frontal a orillas de Tiopullo, bordea las faldas del Cotopaxi por Limpiopungo y logra trasmontar la cordillera por los pasos situados entre el Rumiñahui y el Sincholagua para caer sobre el Valle de los Chillos. Esta difícil marcha fue conducida por un guía de confianza, Lucas Tipán, un indio que el coronel Aguirre envió con un mensaje desde Sangolquí. El 16 de Mayo, ya está la mayor parte de las fuerzas patriotas en esta última población; desde las faldas del Sincholagua, el general Aguirre, ha ido a recibirles, llevando provisiones y caballería de repuesto, inclusive con los rezagados. El jefe patriota envía de inmediato una avanzada a Conocoto, pero esta parroquia había sido ocupada por un contingente realista, al mando de dos oficiales de Estado Mayor de Aymerich …  Aunque no sienta plaza como soldado, merece especial mención el indígena Lucas Tipán no obstante que su padre Francisco, gobernador de Indios de Sangolquí, es muy adicto a la causa del Rey, como casi todos los Alcaldes aborígenes de los Chillos, por estar muy vinculados a don Benigno Rengifo, un Godo implacable … Lucas prefiere, con riesgo de su vida, apoyar a la independencia y se convierte en alas y motor de un verdadero servicio de espionaje que, durante esos días, lleva y trae mensajes y noticias de Quito a Sangolquí…”[3]

En cuanto a la aseveración del historiador Salvador Lara, es importante destacar la certificación que emite Vicente Aguirre a favor del indígena Lucas Tipán de la Cruz el 8 de julio de 1824, donde asegura que “este indígena es recomendable de Gobierno porque es el único que en tiempo del gobierno español se decidió en aquella Parroquia a favor de la República, siendo tanto más relevante su mérito, cuando que el resto de los magnates indígenas se halló unido íntimamente a los gobernantes españoles y muy particularmente del implacable Godo José Rengifo”, además comenta sobre la labor que desempeñó aduce “Lucas Tipán me traía reservadamente avisos sumamente importantes que sirvieron para salvar las armas, caballerías y hombres que yo remití al B. Señor General Antonio José de Sucre, mientras que varios de los otros no se ocupaban sino en hacer correrías con la fuerza armada española para tomarse las caballerías y demás que a ellos importaba. Por tanto, y por el conocimiento íntimo que tengo de aquella parroquia, le creo a Lucas Tipán el único capaz de ocupar dignamente el lugar que ha dejado su padre, y por lo que hace a las miras políticas, como por el beneficio de aquella parroquia y para que llegue al conocimiento del señor Intendente, doy este impedimento verbal de la parte. Fecha ut supra- (f) V. Aguirre.”[4]

La certificación se la realiza a raíz de la designación de Tipán a la Gobernación de Indios en Sangolquí, debido al deceso de su padre Francisco el 3 de julio de 1824.

Así como Lucas Tipán de la Cruz existen muchas personas que han quedado en el anonimato, es trabajo de la sociedad en su conjunto rescatar esta pequeña parte de nuestra memoria histórica.


[1] NÚÑEZ SÁNCHEZ, Jorge, De la Colonia a la República: El patriotismo criollo, Colección Bicentenario, Contraportada.

[2] MARIÁTEGUI, José Carlos, Alma matinal.

[3] SALVADOR LARA, Jorge, Artículo publicado en El Comercio.

[4] Extraído de Gómezjurado, Javier, Sangolquí profundo, p- 81

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