Huele a jueves el instante que acaricio

apareces entre misterio y susurro

aún siento el llanto quebrado del vaivén

y tu pecho mirando mi equilibrio.

 

Las dos paredes de esta habitación rodante

claman al preludio de la agonía inerte,

en el silencio de aquel tocador

yace mi mirada estática en tu cuerpo.

 

Instante ebrio de emociones

antipático a las causales ciertas

aquel sostén rodea mi pierna

mientras vive el estío entre tus muslos.

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