INTRODUCCIÓN

Pensar en el Valle de los Chillos nos conduce a la idea antropológica e histórica de unidad en un solo territorio, Anan Chillo y Urin Chillo han sido desde épocas antiguas en su conjunto el territorio de los Chillos.

Dentro de la óptica historiográfica, el uso de la organización política incásica en la época colonial coadyuvó a la generación de regimientos dependientes de la central política, en este caso Quito.

Poseer el mismo origen-destino agrícola dentro de la Institución Colonial se notó en la implementación de métodos de explotación como los obrajes y las encomiendas, particularmente por sectores eclesiásticos.

DESARROLLO DEL TRABAJO

HISTORIA PRE-INCÁSICA E INCÁSICA

Jaime Espín argumenta que en el Valle de los Chillos se dieron esencialmente dos cambios a partir de la conquista de los Incas; anterior a ello, “las comunidades estaban dispersas, como los Inga, Pingolqui y Puembo, se agruparon entre sí y se crearon otros asentamientos nuevos, y estos asentamientos fueron Uyumbicho, Urin Chillo, Anan Chillo, Alangasí, Conocoto, Pintag y Changally.”

La dominación del Inca a través de su Gobernador en toda la zona, hizo que en cada uno de estos asentamientos estuviera dependiente de un Curaca; ya siendo una dependencia del Incásico se dividió todo el territorio en solamente en el pueblo de arriba (Anan Chillo) y en el pueblo de abajo (Urin Chillo).

Los ibéricos a su llegada notaron muchos “pueblos de naturales” denominados “llajta” siendo su plural llajtakuna, entendiendo como “un grupo de personas que comparten derechos hereditarios sobre ciertos factores de producción (tierras, el trabajo de ciertos individuos, herramientas específicas e infraestructura), y que reconocen como autoridad política a un miembro privilegiado del propio grupo. Tal autoridad es denominado “Señor Étnico”. Este término equivale a “jefe” e incluye a las categorías llamadas “kuraka”, “cacique” o “principal” dentro de la terminología colonial”[1]

Siguiendo con Espín, “Con el tiempo, las dos aldeas tomaron el nombre de sus caciques principales AMAGUAÑA los de Anan-Chillo y ZANGOLQUI, los de Urin-Chillo…”

Según Armendariz, posterior a la conquista española “Quimbalembo era señor de los Chillos, este valle y sus alrededores constituían un Gran Cacicazgo que comprendía a otros menores como Chillo (Sangolquí), Alangasí, Conocoto, Amaguaña, Ichubamba, Uyumbicho, Tolontag y Pintag. El Cacique principal o Gran Cacique era un Régulo, con sede en Sangolquí, que ejercía autoridad sobre los caciques y cacicazgos menores”

HISTORIA COLONIAL

En el tránsito de la vida colonial se notaron grandes cambios de orden administrativo, los alcaldes eran designados por el Cabildo de Quito, siendo nombrados los naturales más representativos, tal es así que en sesión de 7 de enero de 1594 se nombra a Zangoliquín “En este dicho día se trató por el dicho Corregidor y Cabildo que por cuanto los Alcaldes de Anansaya y Urinsaya (Ananchillo y Urinchillo AGF), que han sido el año pasado de noventa y tres han cumplido un año y es necesario nombrar otros indios que sean tales Alcaldes…, para que lo sean este presente año de mil quinientos noventa y cuatro, con lo cual se dio la vara de tal Alcalde a Don Juan Zangolquí, el cual la recibió y juró en forma de usar bien y fielmente el dio oficio…”[2]

La significación etimológica de Sangolquí, según Jijón y Caamaño, sería una fusión de los apellidos imbayas y pansaleos. Sin embargo este análisis demandaría un estudio completo.

Se llegó a constituir la “hacienda”, manejada a través de la encomienda. El territorio de Chillo fue dividido entre los religiosos de la Compañía de Jesús y otros blancos que constan en el registro de propiedades del Cabildo, “los jesuitas manejaron, en la colonia, una hábil política para el enriquecimiento de la Comunidad, adquirieron haciendas enormes, con indios y esclavos, cultivos y ganados, en la mayor parte del Altiplano y en algunas de la costa… Los bienes raíces de los jesuitas, sus haciendas, eran sin disputa los mejores de todas estas comarcas, por la calidad de los terrenos y por lo bien cuidado y administrado de todas ellas: a casa una le sobraba indígenas para el laboreo de los campos en los climas fríos, y negros esclavos para el cultivo de la caña de azúcar en los valles ardientes”[3]

En el registro de González Suarez constan seis haciendas y macrofundios en el Valle de los Chillos de posesión de los jesuitas en la Colonia:

  1. Chillo Compañía con un obraje, mil quinientos dependientes, un batán, dos molinos, tenería y taona de aceites.
  2. Pilloncoto, daba por término medio cada año siete mil sacos de maíz.
  3. Loreto
  4. Don Pedro
  5. El salto.
  6. Pedregal y Villavicencio, iniciaba en Sangolquí y limitaba con las Selvas trasandinas, tenía la hacienda 8000 vacas y 20000 ovejas, se recogía 1000 arrobas de lana al año.

HISTORIA PRE INDEPENDENTISTA E INDEPENDENTISTA

Sangolquí y el resto del Valle fueron parte del poderío capitalista colonial de los jesuitas. Más fue en 1767, año en el que Carlos III los expulsa con el fin de incrementar el ingreso de la Corona.

Esta expulsión permitió la adquisición de estas propiedades a particulares, por eso Juan Pío Montufar, Primer Marques de Selva Alegre adquiere esta propiedad y continúa con el obraje y las actividades agrícolas predominantes de la época. Cabe anotar que su hijo Juan Pío Montufar y Larrea, Segundo Marques de Selva Alegre, un masón iniciado por Eugenio Espejo en  la logia neogranadina Arcano Sublime de la Filantropía, con influencia de las logias Lautarinas, mas tarde funda la logia Ley Natural, en la que Montufar es Venerable Maestro, y se presume sus trabajos los realizaban en la Hacienda Chillo Compañía siendo el 25 de diciembre de 1808 donde confabulan de modo simbólico  para gestar aquel memorable 10 de agosto de 1809.[4]

Las tierras de Chillo tuvieron gran protagonismo en la vida colonial debido al manejo de los jesuitas. Después de ello, como anoté en el párrafo anterior, tuvo gran importancia en las gestas independentistas, los masones insurgentes del 10 de agosto, además ahí Sucre culminó detalles para el memorable 24 de mayo de 1822.

Otro de los lugares de trascendencia dentro de tierras de Chillo es la hacienda “La Herrería” propiedad de Camilo Ponce padre, quien no conforme con el gobierno “progresista” de Luis Cordero Crespo confabula con conservadores y liberales después del trágico acontecimiento de la venta de la bandera. Su fin y el de sus aliados los liberales católicos y los conservadores era hacerse del poder, sin embargo ya se venía gestando un movimiento “montonero” en la costa. Después de una crisis política que duro casi 2 meses se proclamó la revolución liberal del 5 de junio de 1895 que dio inicio a una época progresista liderada por un masón convencido, Eloy Alfaro. [5]

HISTORIA CONTEMPORANEA

La historia contemporánea se ha vivido entre la tranquilidad del Valle acogedor y la intención de crecimiento que tuvo su punto de inflexión el 31 de mayo de 1938 con la Cantonización de Rumiñahui acogiendo a Sangolquí como su cabecera, San Rafael, San Pedro de Taboada, Cotogchoa y Rumipamba como parroquias.

La desunión del Valle se lo notaba desde el inicio de la época colonial, más aún se radicaliza con la emisión del Decreto 169 del 2 de junio de 1938, en donde se eleva a Cantón a Sangolquí con el nombre de Rumiñahui, siendo sus límites los mismos de la parroquia rural de Sangolquí.

Este hecho marca la historia del Valle de los Chillos, por un lado se promueve el progreso político del sector antiguamente llamado Urin Chillo o Sangolquí, por otro y por presiones del Cabildo quiteño, se dejó a Conocoto, Amaguaña, Pintag, Alangasí, Uyumbicho como parroquias rurales de Quito.

La intención de Enríquez Gallo, según Gerardo Coronel[6], era de Cantonizar a todo el Valle de los Chillos como un solo centro político, con sede principal en Sangolquí, pero por disputas políticas no se llegó a concretar.

Contando con una población de solamente 15000 personas aproximadamente en Rumiñahui y con una renta de $ 131689,72, en el que el impuesto al aguardiente representaba el 30%; alcabalas 40%; agua potable, predios urbanos, rodaje, ferias, gallera, billares, etc, representaban el 30% restante.[7]

“Muchos cantones de la República cuentan con menores entradas que la que se produce Sangolquí y son cantones viejos; por manera que, si solo se toma en cuenta este aspecto y la tendencia de aumento (AGF), Sangolquí tendrá medios suficientes para la subsistencia independiente del Municipio de la Capital

Hay muchos edificios de tres pisos, de arquitectura y el aspecto general de la población es hermoso. Está muy por encima de Atuntaqui, Salcedo y muchos otros cantones de la República. En la jurisdicción de la parroquia existen 56 haciendas de producción ganadera y agrícola, dos fábricas industriales, “EL PROGRESO”, de cigarrillos y escobas y “SAN JUAN”, de tejidos e hilados; tres plantas eléctricas, de los Sres. Mercado, Guayasamín Comp.”[8]

“En resumen, Sangolquí es una parroquia rica, de elevación moral por la cultura de sus asociados. Brinda salud y vida al turista. En ninguna parte como allí se ve el trabajo que produce y dignifica. Tiene dinero para ser más bella y más grande: solo le falta la acción que de cumplida finalidad al empeño de progreso, mediante un mayor cuidado de la entidad que ahora es su tutora o con la independencia de ella, que sería la mejor forma de hacer vivir y triunfar a ese pueblo y a esa hermosa e inigualable región interandina”[9]

ANÁLISIS HISTÓRICO A MODO DE CONCLUSIÓN

La unidad territorial determinada desde la época pre-incásica por las características geográficas, generan una identidad antropológica unificada para los habitantes de todo el sector de Chillo, lo que los Incas denominaron el alto y bajo Chillo.

La historia común y los procesos girando en torno de la capital del Valle (por así decirlo): Sangolquí.

A 73 años de haberse emitido el decreto de cantonización de Rumiñahui, debemos repensar la idea de unidad del Valle de los Chillos como una solo aparato político y cultural.

BIBLIOGRAFÍA:

v  ARMENDARIZ, Luis, Monografía del Cantón Rumiñahui, Ed. Quito, 1943.

v  SALOMON, Frank,  Los señoríos étnicos de Quito en la época de los Incas.

v  Libro de Cabildos de Quito de 1593-1597

v  GONZALEZ  SUAREZ,  Federico, Historia del Ecuador, Tomo II

v  NÚÑEZ SÁNCHEZ, Jorge, El aporte masónico al estado republicano, Edición digital

v  JÁCOME, Luis, Informe sobre Sangolquí a la Jefatura Suprema, 1938

[1] SALOMON, Frank,  Los señoríos étnicos de Quito en la época de los Incas.

[2] Libro de Cabildos de Quito de 1593-1597

[3] GONZALEZ  SUAREZ,  Federico, Historia del Ecuador, Tomo II.

[4] Resumindo de: NÚÑEZ SÁNCHEZ, Jorge, El aporte masónico al estado republicano, Edición digital, http://es.calameo.com/read/000216306a5e9d459c97a

[5] AYALA MORA, Enrique, Historia del Ecuador, Tomo X.

[6] Latacungueño nacido en 1919, asentado en Sangolquí en 1940.

[7] JÁCOME, Luis, Informe sobre Sangolquí a la Jefatura Suprema, 1938.

[8] Ibid P-3

[9] Ibid, P-5

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