Por: Andrés Guamán Freire[1]

A escasos 20 minutos de la ciudad capital[2], se encuentra ubicado un hermoso valle, apetecido por muchos para convertirlo en su lugar de descanso y distracción, revestido de una apacible tranquilidad y un progreso que se nota al solo pisar tierras de Chillo.

Este apacible terruño en el que se funden tradiciones capitalinas-mestizas, campestres-indígenas y provincianas-chagras aún mantiene su calidez y sus raíces vivas. Pero para entender la identidad de Sangolquí o Urin Chillo es necesario hacer un análisis histórico de su ascendencia antropológica.

En el territorio de Urin Chillo o conocido como Sangolquí se podía observar una autonomía política desde la época Incásica, lo corrobora el hecho de la existencia de un “cacique y varios principales”, que constituían la fuerza política del sector o llajtakuna. En el Cacique se concentraban los poderes tanto simbólicos como ceremoniales, así como también el poder de la economía,  se lo consideraba el distribuidor de la riqueza del mundo andino, además se encargaba de la “organización de especialistas religiosos, agoreros, hechiceros y sacerdotes”[3].

Ya en época colonial el Cacique y los principales siguieron siendo la cúpula social indígena, regidora de los naturales, que aún gozaba de beneficios sociales e incluso tenía atribuciones de tipo culturales.

Las tradiciones indígenas siguieron siendo preeminentes dentro de los territorios “colonizados”, en muchos casos se los mistificaron en cuasi occidentales, de hecho, muchas de las costumbres que se conservan en la actualidad, han sido modificadas a las tradiciones ibéricas.

En Sangolquí particularmente se mesclan, dentro de sus festividades, las manifestaciones indígenas que preexisten paralelamente con las españolas, se reconoce la “Fiesta del maíz y del turismo” en concordancia con la liturgia de cosecha antiguamente celebrada y  los actos netamente mestizos como el de los toros.

Empero, dentro de este contexto se debe entender el importante avance que represento la Cantonización de 1938 para constituir la identidad del Cantón Rumiñahui, se establecía la adhesión cultural a la capital, el uso de las costumbres paralelas a la metrópoli, pero la independencia política, Rumiñahui ya era Cantón (lo decía el populacho) a diferencia de Conocoto o Amaguaña que representan aún parroquias rurales de Quito.

Entonces las personas de Rumiñahui tenían la obligación de desarrollar festividades particulares, se debía celebrar la fiesta de Cantonización, continuar la celebración del Maíz y el Turismo, reconocer fechas que de cierto constituían un punto de inflexión en la historia del cantón.

Pero la identidad va mucho más allá de fechas que se pueden modificar por la legislación, se debe entender como “el conjunto de valores, orgullo, tradiciones, símbolos, creencias y modos de comportamiento que funcionan como elementos dentro de un grupo social y que actúan para que los individuos que lo forman puedan fundamentar su sentimiento de pertenencia. Que hacen parte a la diversidad al interior de las mismas en respuesta a los intereses, códigos, normas y rituales que comparten dichos grupos dentro de la cultura dominante.”[4]

Particularmente Sangolquí, cabecera cantonal de Rumiñahui, contribuye a la construcción de la identidad, siendo argumentos para esto el apego religioso, el uso de vestimenta particular (generalmente el sangolquileño utilizaba terno, sombrero de paño y alpargatas), la gastronomía, el afluente comercio, la cercanía a la capital, entre otros.

Dentro de esta construcción se han establecido símbolos que representan, en cierta forma, la identidad cultural de Rumiñahui; notamos al Monumento al Choclo cómo sinónimo de la fertilidad de la tierra de Chillo, además de representar el mayor producto de representatividad histórica en Sangolquí; el Monumento a Rumiñahui (único monumento al aire libre construido por Oswaldo Guayasamin), personifica la resistencia del indígena por la interferencia ibérica, además de dotar de simbolismo a la población de Rumiñahui, se constituye en referente ideológico y cultural del Cantón; el monumento al Colibrí, es sin duda una muestra de la abundante fauna que existe en esta tierra, se ha determinado una gran variedad de especies de Colibrí dentro del Cantón. Toda esta representación simbólica, conjugada con la religiosa, la arquitectónica y la intangible establecen el referente para la determinación de la identidad en Rumiñahui.

A pocos días de celebrar los 73 años de Cantonización de Rumiñahui es importante hacer un homenaje a todas las mujeres y hombres que  no claudicaron en unificar el esfuerzo de un Cantón en miras de progreso, se constituyeron en el ápice de las actuales y futuras generaciones para no perder esa característica de trabajadores, solidarios, emprendedores, entre otras de los Rumiñahuenses.

LA IDENTIDAD NO ES UN CONCEPTO FIJO, SE LO CONTRUYE Y MODIFICA DE ACUERDO A LAS EXIGENCIAS DE LA SOCIEDAD, SE NUTRE O SE DETERIORA POR LOS ACTORES. MANTENGÁMOSLA Y FORTALEZCAMOS ESTA AMBICIOSA IDEA DE SER MEJORES.


[1] Actual Bibliotecario Municipal de Rumiñahui, realizó estudios de Economía e Historia, Articulista y columnista invitado en varias revistas y periódicos.

[2] Hace 50 años se convertía en una odisea, de por lo menos 2 horas de viaje por el camino viejo de la Loma de Conocoto.

[3] GOMEZJURADO, Javier, El Cacicazgo 2003

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