Quiero hacer un paréntesis en el devenir de la historia, cuantos ilustrísimos personajes, talados con el afán de intelectuales, nos han relatado la versión de los hechos desde siempre a través de documentos encontrados que recuperan aquel o cual hecho de tal o cual fecha. El propósito de este escrito es recordar a la colectividad que la declaración de un festejo en un acta no quiere decir que ese festejo se creó en esa fecha.

Las fiestas del maíz y del turismo que se festeja en Septiembre formalmente desde 1960, tiene como inicio la alegría de un pueblo. En aquellos tiempos Sangolquí que representaba la cabecera cantonal de Rumiñahui se limitaba geográficamente como un poblado de muy pocos habitantes.

Era el momento en que Sangolquí comenzaba a ser reconocido como un centro turístico debido a la visita de muchas personas que para descansar del trajín de la capital se dirigen a este bello valle.  La preocupación entre los gobernantes se hacía notar, las ventas en esta época de vacaciones escolares se aumentaba. Las casas diseñadas colonialmente se convertían en hoteles improvisados para el festejo que arrancaba con las tradicionales corridas de toros, donde propios y extraños daban gala de su maestría frente a los bravos toros de lidia.

Cabe reconocer que para llegar a ver a las fiestas del maíz y el turismo como las vivimos actualmente fue necesario pasar por varios momentos que se han grabado en la memoria de muchos habitantes de esté Cantón. Recuerdan los mayores que se realizaban las corridas de toros populares en la plaza que hoy se la conoce como “Juan de Salinas”, varió el lugar de las corridas como en la plaza César Chiriboga, Escuela Juan Montalvo, El camal, Plazoleta a Rumiñahui hasta llegar al actual sector del Ejido.

Ancestralmente se ha considerado la época de cosecha como el regalo de los dioses por el culto y el respeto de los habitantes, pues bien, el tradicional maíz de Chillo, distinguido por su tamaño y sabor, se convirtió desde antes de la conquista en sinónimo de nutrición entre los aborígenes. Es menester reconocer que en las festividades autóctonas se llenaba de alegría y jolgorio el pueblo entero. Incluso se recurría a sacrificios animales y hasta humanos por reconocimiento y veneratura al astro rey en el caso el Inti Raymi y a otros “dioses” depende del caso. Se han considerado hipótesis de varios antropólogos e historiadores sobre la similitud de los festejos que fluctúan de entre los meses de junio a septiembre, que tienen un tinte muy aborigen aunque el tiempo ha cambiado su forma.

Ubicados en 1960, muchos de los impulsadores de esta celebración poseían tierras a las afueras del Cantón, es decir se les consideraba Chagras por su condición de visitantes, empero, su carisma daba alegría y el trajín de su visita tenía entre sus mayores objetivos demostrar su cultura y algunos de sus vicios, es decir, Chagra que no se emborrachaba, no festejaba.

Reconocemos que los procesos de tecnologización y globalización hacen que se pierda simultáneamente con el tiempo las tradiciones ancestrales, el festejar una vez al año de una manera más occidentalizada el culto al maíz, es recordar que aún vive dentro de nosotros el aborigen que venera al sol o el chagra que demuestra lo suyo.  Las autoridades deben por obligación a la historia, reconocer y amar estos festejos culturales y no pensar que son fiestas donde prime el desenfreno social.

Por:

Andrés Guamán Freire

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